Emisora Comunitaria 95.6 FM - Radio Hospedaje del Sol - El Tambo - Nariño

HISTORIA DEL MUNICIPIO DE EL TAMBO, NARIÑO

Monseñor Mejía y Mejía, basándose en el libro de Quito nos relata lo siguiente:

"Los Tambos fueron instituciones oficiales del "Plan vial" desde el tiempo de los Incas. Significan aposentos, hospederías, posadas, paradores. Diversos en su destino y aderezo de las chozas de los chasquis o correos "que había puestos por los caminos para llevar con brevedad los mandatos del rey, y traer las nuevas y avisos que por sus reinos y provincias, lejos o cerca, hubiese de importancia". Las chozas de los chasquis estaban situadas a cada cuarto de legua; los tambos, en cambio, al fin de cada jornada ordinaria, donde los viandantes, yentes y vinientes, podían proveerse de lo necesario para sí y sus cabalgaduras."

El Tambo pintado fue, pues, en sus orígenes una de esas hospederías, que se adjetivó en esa forma o por el color de la tierra donde se plantó o por otras características como pintura sobre puertas y muros. No es cierto que Cieza de León hubiese conocido este Tambo, como lo sostiene el distinguido autor de estudios monográficos del municipio de El Tambo, pues la cita que hace al respecto pertenece a una hipótesis del doctor José Rafael Sañudo. Pero no parece muy seguro, como lo sostiene el mismo señor Alfredo Galeano (q.e.p.d.), que su existencia se remonta al 23 de enero de 1573, cuando el cabildo de Pasto, en sesión de esa fecha, otorgó a Domingo Núñez "tierras por el camino que va a Madrigal, como a ocho leguas de Pasto, cerca de un peñol, con condición de edificar un Tambo para los pasajeros", Alrededor de él se fue paulatinamente formando la población, que en 1713 era todavía una población de indígenas, para años después trasladarse al sitio que ocupa actualmente, no sin antes haber sufrido los terribles desmanes de los feroces Sindaguas.

Durante la Independencia, El Tambo se distinguió por su fervorosa adhesión a la causa de los patriotas. Influyó en ello, según tenemos entendido, el hecho de haber tenido por párroco al presbítero Juan Ortiz de Orgueta, quien desde el primer día de los conatos revolucionarios se mostró adicto a éstos, sufriendo por este motivo varias veces, el extrañamiento del beneficio. En 1820 fue restituido la primera vez a él, por auto de 4 de septiembre del obispo de Quito don Leonardo Santander y Villavicencio. Pero cuando en 1821 todo el peso de la guerra se trasladó al sur después de la batalla de Boyacá y la evacuación de Popayán, el ilustrísimo señor Salvador Jiménez de Enciso y Cobos Padilla, obispo de esta última ciudad residente a la sazón en Pasto, a solicitud del Gobernador realista de la provincia don Basilio García, lo obligó a ausentarse de nuevo de la parroquia y nombró en su lugar al presbítero payanés José Miguel Velasco.

Sintiéndose el presbítero Ortiz injustamente tratado por la providencia de un prelado que no era el propio, acudió al vicario juez eclesiástico de Pasto, doctor Aurelio Rosero, con un razonado memorial en el que a la par que sincera su conducta pide se le manifiesten las razones que hubiesen obrado en el animo del señor Jiménez de Enciso para tomar la providencia que él consideraba perjudicial a sus intereses y vejatoria de su honor. Dice el memorial.

"A tiempo en que residía tranquilo en mi beneficio cumpliendo con los deberes de mi ministerio con la exactitud que es notoria, recibí una orden de usted, fecha 3 del corriente, en que me previene que pase inmediatamente a esta ciudad, remitiendo al mismo tiempo al presbítero don José Miguel Velasco, de la diócesis de Popayán, para que haga de cura excusador sin mi ausencia y con entendimiento Un procedimiento tan atropellado no pudo menos que sorprenderme y hacerme formar el juicio que algún enemigo de los que no faltan a los curas párrocos que cumplen con sus deberes, me había levantado alguna calumnia, pues examinando mi conciencia, y teniendo la consideración sobre mis acciones no he encontrado UN motivo para tal procedimiento; sin embargo yo he obedecido rendidamente la orden de usted y pasé inmediatamente a esta ciudad a presentármele como lo verifique 7 días ha, que pertenezco en ella, privado de mi beneficio y de la subsistencia que de él reporto para mi y mi pobre familia; y en todo este tiempo no se me ha hecho saber manifestado legalmente la causa de haberme arrancado de la residencia de mi curato: creo que según las prevenciones de las leyes, y de la Constitución política de la Monarquía Española que nos gobierna, se me hubiese confesionado, y manifestado el delito que se me haya supuesto entre el preciso término de 24 horas como expresamente lo ordena la Constitución. Pero lo cierto es, que yo experimento la pena, sin saber cual sea el crimen que se me imputa, y veo igualmente que aunque se acaba de jurar la Constitución no se cumple, y lo que es más el separar arbitrariamente a un párroco de su beneficio sin informarle el cargo que causa su separación y sin oírlo ni convencerlo."

 

 

"Este procedimiento es muy ajeno de lo establecido por nuestra legislación que nos gobierna: mi honor y mi reputación se han traído por tierra, porque cualquiera que sepa como se ha me ha arrancado de mi beneficio, es preciso que forma de mi un mal concepto, pues esto no puede hacerse sin un previo delito de mucha gravedad".

"Yo estoy, pues, en el caso de procurar la conservación de mi buen nombre, y de vindicar mi honor de cualquiera calumnia, con que se haya tratado de destruirlo, o de que se me impugna el castigo correspondiente, si hubiese cometido algún delito, pues así lo exige la vindicta pública: por tanto, debo exigir de usted el cumplimiento de lo que ordena la Constitución, y las leyes en el asunto de que trato; y para ello le suplico se sirva hacerme saber la causa que ha motivado la providencia que usted tomó para que saliese de mi curato, y adelantarla como corresponde en el modo y términos que ellas prefijan, pues así es de justicia la que mediante a vuestra merced pido y suplico provea y mande como solicito con costas y jurando lo necesario en derecho".

Como el señor Jiménez de Enciso era el principal autor de la providencia, el vicario juez eclesiástico doctor Aurelio Rosero sustanció el memorial anterior dándole traslado al dicho señor Jiménez de Enciso, quien respondió el 12 de enero de 1821 en estos términos:

"La causa de haber exhortado el obispo de Popayán al señor vicario eclesiástico de esta ciudad para que hiciera venir al cura de El Tambo don Juan Ortiz, y se pusiese en su parroquia a otro eclesiástico de confianza, fue porque el señor gobernador de la provincia y comandante accidental don Basilio García le ofició para que promoviera el que se quitase de su parroquia a este cura, por cuanto por varias denuncias que había tenido era perjudicial su residencia allí pues la recolección de gente que se estaba haciendo para la defensa del punto de la Guasca, y en virtud de que en las críticas la seguridad y tranquilidad pública, se le hizo venir a esta ciudad, sin imponerle arresto ni prisión alguna que se en el caso en el que la sabia constitución de la Monarquía Española manda el que se le notifique al reo la causa de su prisión, y demás formalidades que tan sabiamente establece: a favor de esta medida de precaución está el que fue condenado a Quito en tiempo del señor Montes; es también falso el que se le haya dejado sin tener con qué sostenerse, pues, el señor vicario le asignó la mitad de la renta de su curato para su subsistencia, y la de su familia. En el año anterior al mismo obispo de Popayán dio parte a su prelado de lo sospechoso que este eclesiástico era por los informes que universalmente todos le hicieron, y S.S.I. Le contesto que lo quitara del beneficio y lo suspendiera, y por una medida de equidad se contentó con separarlo de él, sin suspenderlo, sin saberse con qué autoridad ha vuelto a su curato. Últimamente de todo se le da cuenta al señor obispo de Quito en este correo y como su legitimo prelado dispondrá lo que fuese de su superior agrado para el mejor servicio de la Nación y del Monarca, por lo que deberá permanecer en este pueblo hasta al resolución del S.S.I. ante quien deberá vindicarse (F). Salvador, Obispo de Popayán."

De existir el martirologio patriótico de los nariñenses, el presbítero Juan Ortiz ocuparía lugar de precursor al lado de sus cohermanos, Ramón Ordóñez y Nicolás Zambrano, quienes tachados de activos simpatizantes de los revoltosos revolucionarios desde muchos meses antes de 1814, cuando Antonio Nariño atacó infortunadamente la ciudad de Pasto, pues aun cuando fue nombrado cura propio de El Tambo precisamente ese año, a los pocos días fue extrañado a Quito. Regresó más tarde a su beneficio, pero para ser objeto de nuevas sospechas y de medidas más severas contra su tranquilidad personal y el normal ejercicio de su ministerio, sin haberle sido dado encontrarse frente a él ni siquiera doce meses arreo. Finalmente al tornarse la situación política favorable a sus antiguas convicciones, esto es en 1824, dejó de ser de esta presente vida.

La feligresía de El Tambo con razón de huelga por la devoción de Jesús Nazareno que atrae a su magnífico santuario incontables romeros de dentro de Colombia y de fuera de ella, ávidos de postrarse ante sus divinas plantas heridas para ser mirados con largueza de misericordia por sus divinos ojos tristes. Tan portentosa imagen remonta, por lo menos, a mediados del siglo XVIII, época en que los artistas quiteños tallaron sus mejores obras sobre los diferentespasos de la pasión de Cristo nuestro señor.
En 1821, los señores Juan Manuel y Bernardo Jaramillo para recorrer varias parroquias en demanda de limosnas destinadas "al mayor culto de la sagrada imagen de Jesús Nazareno, con la advocación de El Tambo, y colocada en la iglesia del pueblo nominado "El Tambo Pintado". Hacia entonces de síndico de la imagen don Melchor Guerra, quien recibió de los Jaramillo la suma de 87 pesos con 4 reales, reunidos en una corrida de tres meses.

En 1828, el doctor Aurelio Rosero, vicario juez eclesiástico de la ciudad de Pasto y su jurisdicción, concedió de nuevo licencia a los ciudadanos Francisco López y Juan Manuel Jaramillo para que pidiesen limosna en todo el territorio de la vicaria por el espacio de cuatro meses, con destino a "construir una sagrada iglesia en la parroquia de el Tambo Pintado, en donde se coloque la sagrada imagen de Jesús Nazareno, con la advocación del señor de El Tambo, y otras sagradas imágenes que se hallan con su iglesia que a más de ser reducida, ofreciendo pronta ruina, por lo que se ha suplicado su párroco se le conceda esta licencia, pues se halla fervorosamente emprendiendo en tan santa obra", para cuyo santo fin se suplica, ruega y encarga a todos los señores curas y jueces, comprensos en esta vicaria de mi cargo, no ponga embarazo alguno a tan piadosa solicitud, y antes si exhorten y animen a sus parroquias a que concurran con aquello que les dice su devoción, cuidando y celando que dichos limosneros, no concurran a bailes juegos no otros actos inhonestos, que a más de ser ofensa a Dios, defraudarán las limosnas que se les de. Teniendo presente los dichos limosneros de presentarse en esta vicaria o a nuestro notario el día que se cumpla el término estipulado con esta licencia y todo lo que hubiese recogido bajo juramento para que lo tome el cura o el personero de la obra, bajo de recibo para descargo de ello en la cuenta que deberá rendir de su inversión".

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El Tambo

  Mirador El Tambo

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  Plaza principal El Tambo

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  La Gruta - Virgen María

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  Iglesía El Tambo

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  I.E. Jesús Nazareno

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  Jesús Nazareno

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